Transformaciones post #BlackLivesMatter

Vida y estilo Calendario 30 jun 2020 Paulina Martínez

Es tiempo de reescribir la historia, pero ¿realmente funciona?

 

Estamos en 2020 y seguimos lejos de saber cómo será llamada nuestra época en el futuro. Mientras tanto, los movimientos sociales en busca de la justicia social siguen creando olas y olas de cambios en nuestros pensamientos y forma de relacionarnos. Es decir, cuando antes podías tomar un café tranquilamente y lanzar algún comentario “incorrecto”, parece que hoy en día las cámaras de vigilancia de las que tanto nos advirtió Michel Foucault se han convertido en una realidad, y se preparan para cortar cabezas a toda costa. 

Lo curioso es que esas cámaras de vigilancia no son precisamente unos robots en busca de una falla humana, sino que somos los propios seres humanos en busca de ver cuando tropieza alguien para gritar y señalarlo sin control. Tal cual la escena de Monsters INC, cuando un monstruo sale de haber hecho su trabajo y entonces alguien grita alocado y dice: “¡¡Tenemos un 3312, tenemos un 3312!!”, porque accidentalmente le quedó un calcetín pegado en su crupulosa espalda. Algo así, pero con un chiste, comentario o actitud aparentemente incorrecta, lanzado sin escrúpulos. 

 

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Cabe mencionar que no estoy “ridiculizando” en lo más mínimo la actitud revolucionaria por buscar un lugar más armonioso y equitativo para todos. Porque si en algo estamos de acuerdo, es en que definitivamente el mundo ha cambiado en pro de los derechos humanos, no de manera equitativa en todo el globo terráqueo, pero las luchas sociales siempre han buscado adaptar el espacio en pro de la inclusión de todas las minorías. Claramente, hay luchas distintas en cada zona y prioridades en ellas.

Como si fuera poco, este 2020 nos ha entregado un montón de material por archivar en los libros de historia para las generaciones futuras. Entre grandes incendios, pandemia y supuestos desastres políticos revelados por la famosa red revolucionaria de Anonymous. Y junto a todo esto, desafortunadamente, las injusticias sociales no se han quedado detrás de toda esta larga lista de acontecimientos.  

Uno de los que más ha ocasionado revuelo en los últimos días es el reciente, injusto y arbitrario asesinato de George Floyd en Estados Unidos. Después del suceso, la gente hizo a un lado la pandemia para salir a manifestarse bajo el lema #BlackLiveMatters, en Estados Unidos. No cabe duda que el dolor colectivo es real, y ver que en pleno siglo XXI se siguen viviendo injusticias que parecían (e incluso se mofan diciéndonos que ya no existen) haberse abolido años atrás, no provoca otra cosa más que una revuelta de intestinos severa en varios de nosotros. 

A raíz de este arbitrario asesinato, un movimiento comenzó a retumbar en el planeta. Fue así de que en distintas partes del mundo comenzaron a tirarse (literalmente) monumentos de “héroes históricos” que representan la represión de esclavos de tiempos antiguos. 

 

 

Igualmente, distintas estructuras comenzaron a temblar de nervios y por querer sumarse a la reconciliación de una reivindicación histórica, empezaron a tomar decisiones importantes como cambiar el nombre de sus productos (que se han vendido por años) y su imagen comercial, para no herir susceptibilidades. El claro ejemplo está en lo sucedido recientemente con la marca de los tradicionales hot cakes y de jarabe de miel maple Aunt Jemina. 

La decisión de esta empresa inició con la sensibilidad de lo sucedido en Estados Unidos y con la intención de abolirlo, por fin. Así que tomaron la determinación de hacer un cambio de imagen y nombre, ya que alude a un estereotipo racial. Aunque todavía no sabemos más, Quaker Oats, la compañía detrás de Aunt Jemima, anunció que el empaque de 130 años se modificará en el mercado en otoño de este año y que el nuevo nombre se dará a conocer después.

En un comunicado de prensa Kristin Kroepfl, vicepresidenta y directora de marketing de Quaker Foods North America, determinó que “a medida que trabajamos para avanzar hacia la igualdad racial a través de varias iniciativas, también debemos analizar detenidamente nuestra cartera de marcas y asegurarnos de que reflejen nuestros valores y cumplan las expectativas de nuestros consumidores”. 

Además, la marca también anunció que donará $5 millones de dólares durante los próximos cinco años en apoyo a la comunidad afroamericana.

Este es un ejemplo de la intención por reescribir la historia, pero varios casos se han desencadenado a raíz de esto. Otro es el de la plataforma de streaming HBO Max, la cual había retirado la película Lo que el viento se llevó de su catálogo en Estados Unidos. Esto debido a que la cinta de 1939 ha sido criticada durante años por ofrecer una visión idealizada de la esclavitud y perpetuar estereotipos racistas. Después de una breve polémica al respecto, la cinta regresó a la plataforma pero con una explicación sobre su contexto, (algo así como una nota al pie de página para decirle al espectador lo que obviamente “se cree” que este no sabe analizar).

La verdadera pregunta a todas estas buenas intenciones, o aparentemente buenas y sinceras, es sobre ¿realmente está funcionando la cultura de la cancelación? Es decir, el querer reescribir la historia anulando lo que en su momento se glorificó, ¿es la ruta más efectiva para lograrlo?

Sinceramente, este veredicto lo tendrán los historiadores en el futuro, y como ya sabemos, claramente contarán la historia a favor de lo que se esperaba, más el verdadero manuscrito será otro. Sin embargo, valdrá la pena reflexionar sobre nuestras conductas y maneras de relacionarnos con nosotros, los demás y el planeta en general. Quizá reconocer que un simple hashtag no cambiará el mundo, pero quizá nuestra actitud en privado sí. 

Es importante destacar que retirar una película de un catálogo por las razones que lo hicieron, tiene elementos que pueden recordar acciones polémicas del pasado hacia otras obras, ¿es esa la sociedad que realmente se busca construir? Quizá el problema será buscar la verdadera  raíz del odio, para derribar todos los escalones de superioridad moral imaginarios que el mundo se ha inventado. Mientras tanto será reconfortante reflexionar sobre cómo se está escribiendo la historia, y dejar de intentar reescribirla. 

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